lunes, 23 de noviembre de 2015

EL MAL ARGUMENTO DE LA GUERRA

El terrorismo yihadista ha golpeado en París y, como ayer en Nueva York o en Madrid, la respuesta emocional ha sido inmediata. Despliegues policiales, ataques militares, mucho ruido mediático y poco análisis político. Atentados recientes igualmente mortíferos, en el Sinaí, en Ankara o en Beirut, no han provocado esa reacción apresurada de los gobiernos europeos. Hollande, como ayer Bush, ha desencadenado la respuesta de más alto nivel, la guerra.

Sin embargo el problema es muy complejo y difícilmente puede reducirse a un escenario de confrontación de ejércitos. Los atentados han sido ejecutados por jóvenes europeos, socializados en instituciones laicas y gozando de un nivel de bienestar que sus familias no conocieron jamás en los países de origen. Pero han sido captados y adoctrinados en el seno de la Unión Europea, en una visión fanática que asume el suicidio como martirio. La financiación y los adoctrinadores se mantienen en zona de sombra, aunque son conocidos suficientemente por los Gobiernos. De entrada parece que existen fallos clamorosos de inteligencia y de eficacia.

Ahora el enemigo es el ISIS como hace una década lo fue Al-Qaeda. Pero tras destruir tres países, Afganistán, Irak y Siria, el problema es hoy más grave que en 2001, como se comprueba en la multiplicación de incidentes en todos los continentes y la aparición de Estados fallidos como Libia, Somalia o el nuevo Irak por no hablar del Daesh, mal llamado Estado islámico.

La política de arrojar bombas mientras se evita la consolidación de países viables que afronten en origen sus propios problemas está creando un gigantesco éxodo migratorio hacia Europa, la quiebra de la solidaridad en la Unión Europea así como la llegada de más personas susceptibles de enrolarse en grupos fanatizados. Lo afirma la doctrina clásica pero se olvida con frecuencia: las armas no resuelven los problemas políticos. Y menos cuando el enemigo no está claramente definido, los objetivos son ambiguos y el terreno desconocido.

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