sábado, 12 de febrero de 2011
INTOLERANCIA RELIGIOSA
martes, 1 de febrero de 2011
CAJAS
miércoles, 19 de enero de 2011
DE DIOSES Y HOMBRES
Es el título de una fascinante, emotiva y sorprendente película que algunos críticos clasifican como espiritual, otros como dramática y algunos censuran por su duración y morosidad narrativa. Fascinante por cuanto narra, sobre un fondo histórico, la tensión entre las creencias y las dudas, la incertidumbre sobre el futuro, el temor a la muerte. Emotiva porque lo son las historias humanas, la vida ascética, el sentimiento de comunidad. Sorprendente porque se desarrolla en un microcosmos, una comunidad monástica, inserto en un contexto de pobreza, guerra civil y desesperanza. Pero aún es más sorprendente que en los tiempos actuales, una historia así, que dura 120 minutos y donde el tempo narrativo es el propio de la regla cisterciense, tenga un notable éxito de crítica y público.
Aunque la historia narrada puede entenderse como un discurso religioso también tiene una dimensión civil que me ha llamado la atención. Los valores de coherencia, lealtad, dignidad, no suelen ser objeto de tratamiento cinematográfico y aquí son centrales. El delicado proceso de toma de decisiones que se ofrece, democrático pero fundamentado en una tensión entre el yo y el colectivo, también es aplicable a otros contextos no religiosos.
La película, que tiene una bellísima fotografía y donde el paisaje remite continuamente a los valores citados, incluye muchas secuencias de carácter religioso, que la desaconsejan a quienes no sean capaces de sumergirse durante dos horas en una reflexión íntima. En ese sentido es una lástima que no hayan sido subtitulados los varios cantos litúrgicos, cuyos textos son acordes con lo que se narra. Además contiene un tratamiento poco habitual de las relaciones cristianismo-islam, así como de la ambigüedad moral común a los bandos enfrentados.
lunes, 17 de enero de 2011
EL RETORNO DEL AUTORITARISMO
lunes, 27 de diciembre de 2010
LA LEGITIMIDAD DEMOCRATICA
Pierre Rosenvallon, catedrático de Historia Moderna y Contemporánea de la Política en el Collége de France, reflexiona en esta obra sobre la doble legitimidad de la democracia, la de las urnas y la de la administración o servicio público, así como sobre la evolución de los conceptos . Diferencia entre la democracia como régimen y la democracia como forma de gobierno y estudia la evolución y crisis moderna de la democracia y de algunos de sus mitos fundacionales, como la identificación de la mayoría de apoyos con la unanimidad.
Uno de los capítulos más interesantes está dedicado a la legitimación de las autoridades independientes, organismos reguladores y similares, cuyo número y funciones crecen incesantemente en nuestra sociedad. También el capítulo dedicado a la legitimidad de los jueces y a los riesgos de introducir un carácter electivo, son minuciosamente analizados, comparando fundamentalmente los sistemas de Estados Unidos y Francia.
En el ámbito del gobierno, analiza la evolución reciente hacia la proximidad y la presencia, como sustitutos del mandato electoral, expresados en el carácter mediático y aún de espectáculo, de la vida pública, acentuado por Internet y en la necesidad de la respuesta permanente.
Superado el viejo sistema de separación de poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, se va instaurando un sistema de control por la sociedad civil, todavía por consolidar y racionalizar, pero que el autor considera estructurado en torno a tres ejes: la desconfianza ciudadana como contrapunto a la confianza electoral; el papel de los organismos de democracia indirecta, autoridades reguladoras, Tribunal Constitucional y similares; y el imperativo de conducta democrática de los gobernantes.
El autor recuerda la creciente desafección de los ciudadanos hacia la política como expresión del conflicto social, y las pésimas valoraciones que en todos los países tienen las instituciones propiamente políticas, como las Cámaras, frente a las unipersonales, concluyendo que la democracia debe ser abordada en su complejidad: régimen, gobierno, pero también comunidad.
Se trata de un libro denso, académico, de conceptos, aunque con muchos análisis sugerentes sobre el estado actual de la legitimación democrática.
jueves, 23 de diciembre de 2010
LA DERROTA DE LA IZQUIERDA
martes, 21 de diciembre de 2010
ALGO VA MAL
Es el título de la obra póstuma de Tony Judt, el gran historiador del siglo XX, que aquí realiza una defensa encendida aunque crítica, de la socialdemocracia moderna, la única izquierda real tras la desaparición del comunismo.
Judt repasa la aportación decisiva de la izquierda, durante la primera mitad del siglo pasado, a la construcción de los modernos Estados europeos,basados en la protección social, la capacidad reguladora de la economía y los servicios, así como en la reducción de las desigualdades. El conocimiento profundo de Judt sobre las sociedades americanas y europeas, ha sido profesor a ambos lados del Atlántico, le lleva a hacer una crítica dura de las posiciones ultraliberales pero también de quienes considera enterradores de la socialdemocracia: Blair, Brown, Clinton.
La idea central del libro es el giro que adopta la izquierda a partir de 1960, con la irrupción de nuevas generaciones nacidas en las sociedades de bienestar ya consolidadas y huérfanas de los referentes históricos, guerras mundiales incluidas, que tanto habían pesado en el anterior impulso político. La aparición de nuevos valores, individualismo, auge de lo privado, junto a la asunción de objetivos especializados en detrimento de discursos globales, habría influido en la deriva de los partidos socialdemócratas hacia la aceptación irrestricta de algunas posiciones de origen conservador, como la censura al Estado regulador o la aceptación de los mercados globales.
A partir de 1980, con Reagan y Thatcher, el neoconservadurismo ha impulsado la desregulación, la privatización de los servicios públicos y la reducción del Estado, como ejes, se decía, para la creación de riqueza. La izquierda ha aceptado ese discurso y se ha entregado a las mismas prácticas. La progresiva dificultad de explicar esas políticas a las generaciones actuales, explicaría la desafección creciente y generalizada del electorado europeo.
La llegada de la crisis, producto de esas prácticas, ha demostrado que el Estado sigue siendo la instancia necesaria para salvar al capitalismo de sus propios errores, al precio de transferir al sector público las pérdidas del sector privado.
Judt insiste en la política como una conversación pública imbuida de ética. Defiende la necesidad de discursos globales que orienten a los ciudadanos sobre los dilemas morales presentes en las decisiones políticas. También defiende mayor participación de la sociedad y menor burocratización de la vida pública. Considerando que la lucha contra las desigualdades sigue siendo la mayor diferencia entre izquierda y derecha, aboga por la socialdemocracia como la mejor opción posible para la mayor parte de las personas.
Los argumentos incluyen referencias a muchas políticas de las últimas décadas sí como pocos pero escogidos datos demostrativos. Judt reflexiona a contracorriente, es obvio, pero con propuestas frescas y estimulantes, sorprendentes en quien las dictó cuando era consciente de su próximo final.
Otras obras suyas, de carácter académico pero con un pensamiento innovador, son: “Olvidado siglo XX” y “Sobre la posguerra”, todas en Taurus.