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martes, 26 de junio de 2012

SIRIA


Khaled Khalifa, escritor sirio, está en España presentando su libro "Elogio del odio". Muestra las consecuencias de los malos tratos como activista político. Pero lo que cuenta en la entrevista,
La literatura no es un tribunal, es espeluznante. La soledad de quienes se levantan contra la dictadura ante la indiferencia internacional, más o menos velada con acciones diplomáticas. Cuando hasta los observadores internacionales deciden irse por la inestabilidad, son los ciudadanos sirios quienes mantienen viva la revuelta frente a un régimen opresor de cuya dureza da cuenta la novela citada. Anotemos que los muertos se cuentan ya por miles y que el país se encamina a la guerra civil.

No es una obra fácil. La vida durante varias décadas a través de los monólogos de cuatro mujeres. Sentimientos, represión, política, radicalismo islámico, afloran en una narración hermosa, también cruel. El título es ya expresivo. Pero a través de sus páginas el odio, como impulso de supervivencia, muestra su faceta más destructiva de las personas y también su inutilidad. Aunque no es imprescindible, el contexto histórico está presente: la eterna y corrupta dictadura siria, la rebelión islamista, la guerra de Afganistán.

La entrevista y la novela nos recuerdan que en otras sociedades los derechos son una entelequia y la disidencia es un grave riesgo. También la degradación moral de quienes sirven a un régimen basado en el terror.

domingo, 12 de diciembre de 2010

PREMIO NOBEL A UN ESCRITOR POLITICO



Desaparecidos los intelectuales como grupo visible en la sociedad, Mario Vargas Llosa podría parecer anacrónico. Cuando el pensamiento blando impera, el relativismo cultural hace estragos y lo políticamente correcto se adueña de las universidades, un escritor profesional, con frecuentes incursiones en el periodismo político y que nunca desdeña expresar su opinión, es, al menos, una rareza.


Y lo cierto es que Vargas Llosa lleva medio siglo haciendo magnífica literatura y también cultivando otros géneros, entre ellos el periodismo. Si de entre sus novelas algunas han alcanzado la excelencia , ( como las primeras: “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Conversación en La Catedral”), otras tratan sobre aspectos de la sociedad peruana (“Historia de Mayta”, “¿Quién mató a Palomino Molero?”), o conflictos de otras latitudes (“La fiesta del chivo, “La guerra del fin del mundo”, “El sueño del celta”), también sus ensayos de crítica literaria son apasionantes (sobre Tirant lo Blanc, Flaubert, García Márquez, Víctor Hugo y otros). De igual forma sus reportajes periodísticos sobre el conflicto de Oriente Medio o sobre Latinoamérica.


Su defensa apasionada de la democracia y por tanto el rechazo absoluto a las fórmulas alternativas le ha llevado a analizar y censurar realidades políticas como el caudillismo, el indigenismo y el nacionalismo. Su oposición muy temprana a la dictadura castrista y sus frecuentes críticas a gobernantes como Chávez o Morales, le depararon una imagen de escaso aprecio en el espectro político de la izquierda. Vargas ha sido especialmente crítico con la visión paternalista de aquellos europeos defensores de soluciones no democráticas para otros países cuando en su lugar de residencia disfrutan del Estado democrático y protector.


Pero el ejemplo de ese compromiso intelectual no es menor. Opinar es arriesgar y hacerlo en defensa de las propias convicciones, muchas veces en minoría, ennoblece al autor más que cualquiera de los muchos premios recibidos.