domingo, 27 de noviembre de 2011

TELEVISIONES PÚBLICAS

El nuevo gobierno de España, en la senda del gobierno de Cataluña, ha anunciado su voluntad de revisar el mapa de televisiones públicas. Al igual que en la transición el Estado decidió deshacerse de una cadena de periódicos y emisoras de radio, herencia del Movimiento, considerando que ya existía suficiente pluralidad de cabeceras en el mercado, parece que está llegando el momento de revisar la titularidad de las televisiones autonómicas y la competencia desigual que suponen para el resto del sector.

Un cuarto de siglo de desarrollo de esos medios públicos evidencia su principal finalidad: servir de altavoces del gobierno que las dirige. Todas las demás funciones son desarrolladas igualmente por medios privados que operan con las reglas de mercado.


RTVE, luego de endosar su increíble deuda de 7800 millones de euros al Estado y de prejubilar a más de 4000 trabajadores sobre una plantilla de diez mil, vuelve a tener dificultades para controlar sus gastos. Las televisiones autonómicas cuestan al año 1500 millones de euros, entre ellas la CRTVG, que en 2012 recibirá una subvención de 105 millones de euros. Además comparten plantillas desmesuradas. La compañía gallega cuenta con mil trabajadores.

Esta situación no la han creado los actuales gobiernos, sino que ha sido una deriva constante de todos los gobiernos, de diferentes tendencias, en todas las Administraciones. La reciente reforma de la ley que rige la CRTVG ha ampliado sus objetivos, que ahora cubren todos los aspectos de la información, cultura, educación y entretenimiento,como garantía, dice el texto, del pluralismo en los medios de comunicación y promoviendo además el uso del gallego. La ley fue aprobada por PP y PSOE, con el Bloque en contra, exigiendo mayor crecimiento de la compañía.


Para situar las cifras en el contexto de Galicia, la Xunta dispondrá en 2012, entre otras, de las siguientes partidas presupuestarias, en millones de euros:

  • 105 CRTVG
  • 3´8 Presidencia da Xunta
  • 19 Parlamento
  • 3 Formación de funcionarios (unos 15000 descontados docentes y sanitarios)
  • 2´7 Formación de docentes (unos 30000)
  • 105 Justicia (más de 300 juzgados y 2500 funcionarios)
  • 32 Mejora de la cualificación de los parados
  • 34 Educación especial
  • 29 Enseñanzas artísticas
  • 81 Cultura (toda la actividad cultural de la Consellería)
  • 21 Deportes
  • 25 Urbanismo
  • 4 Suelo industrial
  • 46 I+D universitaria
  • 103 Competitividade da pesca e da acuicultura
  • 55 Industria, energía y minería
  • 178 Ayudas a empresas, IGAPE
  • 21 Comercio
  • 50 Turismo
  • 831 Deuda pública (394 cuando tomó posesión la Xunta actual)

jueves, 17 de noviembre de 2011

EDUCACION

Esperanza Aguirre, ex-ministra de Educación, entre otros cargos, ha proclamado que el Estado debe limitarse a la instrucción y abandonar la educación en manos de las familias. En su apoyo ha explicado que el correspondiente Ministerio de Alemania, se llama de Instrucción y no de Educación.

En España el Ministerio de Instrucción Pública fue creado en 1901 y cambió su nombre por el de Educación Nacional en 1938. La vigente Constitución utiliza la palabra educación únicamente, en el artículo 27. El Estatuto de Autonomía prefiere "ensino". Discusiones etimológicas al margen, el nombre generalizado internacionalmente es educación, para designar el proceso que incluye adquisición de conocimientos, destrezas y socialización, que se realiza a través de mecanismos formales como el sistema educativo, a través de la familia y también a través de otros mecanismos sociales: medios de comunicación, grupos sociales, etc.

Así que la señora Aguirre apunta en otra dirección: la minoración del papel de los organismos públicos en el sistema de enseñanza, brevemente, la mayor privatización.

Es sorprendente la obsesión educativa de la derecha española. No tienen reparos en asumirlo y en considerar campo de batalla ideológica todos los asuntos relacionados. Por eso durante 30 años se han opuesto a cualquier consenso sobre las normas, los objetivos, la estructura o la financiación de la enseñanza, llegando a desarrollar polémicas tan estériles como la referida a "Educación para la convivencia".

Lo que subyace a toda esta batalla, que se recrudecerá en los próximos meses, es la dualidad del sistema. Mientras la izquierda ha impuesto el modelo integrado, un tronco único de enseñanzas y diversificación en post-secundaria, la derecha desea una segregación temprana, como ocurría hasta 1985. Los argumentos en uno y otro sentido ocupan bibliotecas enteras. Pero detrás de los análisis meramente pedagógicos, se atisban los valores políticos: igualdad o desigualdad. Impulsar la primera o aceptar la segunda.

jueves, 3 de noviembre de 2011

EUROPA

La verborrea europeísta, hecha de grandes y vacuos discursos, déficit democrático y asimetrías crecientes, está contra las cuerdas. Ante la magnitud de la crisis la Unión se revela como lo que siempre ha sido, un club de Estados, atentos a los objetivos comunes siempre que éstos no contradigan los propios. Cuando el problema es muy grave, se evidencia que Alemania y en menor medida Francia o Reino Unido, éste fuera del euro, son las potencias dominantes y el resto, el coro necesario. El Parlamento europeo, la Comisión, la burocracia comunitaria, ni están ni se les necesita.

Ha bastado que un pequeño y acorralado país, Grecia, haya recordado que los ciudadanos están furiosos y en las calles, siendo necesario consultarlos, para que el pánico cunda en las cancillerías. Qué barbaridad, se dicen unos a otros, que por haber inventado la democracia se crean obligados a practicarla.

Y así va la nave económica. Quienes permitieron la desregulación de la economía, dictan ahora las normas. No para encarcelar a los administradores irresponsables, ni para disciplinar a los llamados mercados, sino para obtener ventaja. Bancos alemanes llevan semanas deshaciendo sus posiciones en Grecia y cuando han terminado, aprueban una quita. Bancos españoles que pasaban por allí pero no tenían mayor riesgo, reciben un castigo. ¿Libre mercado o ley de la selva?